Un visitante común y mal entendido
En miles de hogares argentinos es habitual ver pequeñas lagartijas en paredes, techos o rincones poco iluminados. Su presencia suele generar susto o rechazo, pero en realidad se trata de animales inofensivos que conviven con los humanos desde hace décadas. Estos reptiles buscan refugio, calor y alimento, y las viviendas humanas ofrecen las condiciones ideales.
Control natural de insectos
Uno de los mayores beneficios de las lagartijas domésticas es su dieta. Se alimentan principalmente de mosquitos, moscas, polillas, cucarachas pequeñas y otros insectos. Una sola lagartija puede consumir decenas de insectos por noche, ayudando a reducir la presencia de plagas sin el uso de químicos. Esto las convierte en un método de control biológico totalmente natural y gratuito.
No transmiten enfermedades
A diferencia de otros animales que suelen encontrarse en casas, las lagartijas no representan un riesgo sanitario. No pican, no atacan y no transmiten enfermedades a las personas. El mito de que son peligrosas está muy extendido, pero no tiene base científica. Su contacto con humanos es mínimo y siempre evitan el enfrentamiento.

Indicadores de un ambiente saludable
La presencia de lagartijas suele ser señal de un ambiente relativamente sano. Estos animales no sobreviven en lugares extremadamente contaminados y dependen de un ecosistema mínimo para alimentarse. Donde hay lagartijas, generalmente hay menos insectos nocivos y menos necesidad de pesticidas.
Eliminarlas rompe el equilibrio
Matar lagartijas puede generar un efecto contrario al esperado. Al desaparecer estos depredadores naturales, aumenta la población de insectos, lo que lleva a usar aerosoles, venenos y repelentes químicos. Estos productos sí pueden afectar la salud humana, especialmente en niños, mascotas y personas con problemas respiratorios.
Qué hacer si aparecen en casa
Los especialistas recomiendan no matarlas ni intentar atraparlas. Si alguien no quiere tenerlas dentro del hogar, la mejor opción es reducir su acceso sellando grietas, bajando la humedad y evitando luces exteriores que atraigan insectos por la noche. De esta forma, las lagartijas se irán solas en busca de otro lugar.
Convivencia y respeto
Las lagartijas forman parte del entorno urbano y cumplen una función ecológica concreta. Aprender a convivir con ellas es una forma simple de respetar la naturaleza incluso dentro de la ciudad. No hacen ruido, no dañan estructuras y pasan casi desapercibidas.
Un pequeño aliado invisible
Lejos de ser una amenaza, las lagartijas son aliadas silenciosas del hogar. Protegerlas y dejarlas vivir no solo es un acto de respeto hacia la fauna, sino también una decisión inteligente para mantener el equilibrio natural dentro de casa.
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